También es tuya

​Vivo en la búsqueda constante de aquellas cosas capaces de tocarme el alma. 

Pero tus manos, querido mío. La forma en que dices mi nombre mientras nos fundimos en caricias, la pasión que te desborda en la mirada, el ardiente deseo que expresas por mi cuerpo, la entera satisfacción que refleja tu rostro cuando termina nuestro encuentro y por supuesto ese abrazo de madrugada que me quita el frío y nos enciende de nuevo.

Todo esto, quizás no más que un acto de la carne.

Todo esto.

Querido. 

Me acaricia el alma, 

                 me la besa.

Las palabras sobran, me ves, me sientes y lo sabes.

     Mi alma también la has hecho tuya.

=?

“¿Eres feliz?” Susurro al auricular, mientras tantos kilómetros y tantos mundos nos separan.

“Dime que lo eres lejos de mi, y también lo seré por ti. Desde aquí, sin nosotros.”

Callas. Sabes que odio los silencios y las dudas tanto como los diminutivos y dormir juntos, enojados.

“¿Eres feliz?” te cuestiono nuevamente.

-“Debería serlo, prefiero no pensar en eso”

No insisto más, luchas diario con el demonio del deber cumplido, del “honor” sobre el “amor”, has cargado por mucho tiempo con todo, incluso la felicidad de otros a costa de la tuya.

Pero nada más puedo hacer. “Se feliz” es mi última petición, “¡Inténtalo!” y sino sabes donde encontrarme.

Un abrazo eterno para ti

No decidimos cuando partir, y sin embargo lo mas dificil es elegir vivir la vida que queremos vivir y hacerlo de acuerdo a nuestros ideales, ser fiel a nuestras luchas, romper nuestros propios paradigmas y crear poco a poco un mundo mejor.

Decir adiós nunca es fácil, reconfortar a otros de una perdida, imposible, solo queda el deber de recordar y agradecer la oportunidad de conocer a ese ser con luz especial.

No me imagino que habrá más allá de la vida. Pero sé que si aún hay algo bueno por que luchar, tú estarás allí como siempre buscando tu propia utopía.

Un abrazo eterno para ti.

INEVITABLE

Hay acuerdos creados para romperse, lo tuvimos claro desde el principio y aunque hablamos de los riesgos que eran evidentes, nada nos detuvo, cada quien con sus razones y sus debilidades, perdimos el equilibrio uno por el otro. Y nadie puede culparnos, era inevitable.

​Tuviste temor de no poder volver atrás, yo tuve miedo de no ser capaz de avanzar.

La distancia no ha sido nuestra aliada, no nos hace sentirnos diferentes, ni menos cercanos. Siento como aún trastoco tu vida y tu sabes bien que aún afectas la mía.

El tiempo será el que nos de la razón o nos recrimine las decisiones tomadas, como sea estoy convencida, ni tú ni yo nos arrepentiremos de lo que vivimos, no así, de privarnos de todo un mundo lleno de posibilidades por vivir.

Los hombres le temen a lo que carecen. Sensibilidad, pasión abrazadora, amor incondicional, sinceridad brutal, ternura, fuerza indomable…
Jamás he de conformarme con un cobarde. Con uno de esos que se acomodan, que aceptan compromisos basados en convencionalismos sociales, “presiones” o chantajes emocionales.

Si el precio de mi mente y espíritu libre es la soledad, la acepto con gusto.

El cielo sabe que mi alma no sobreviviría encarcelada a la rutina, a dar las cosas por sentado, a reprimir mis emociones.

No me conformaré con un hombre que huye, que se esconde, que no es capaz de enfrentarme con la verdad.

Soy una mujer simple, apasionada, absolutamente sincera, más que poeta, loca. A veces dura como roca, otras más quizás un poco rota.

Nunca me conformare con un hombre básico, que necesite menos de lo que tengo para dar.

Tuve que hacer un viaje fuera y dentro de mi, para reaprender y redescubrirme. Un viaje para perdonarme, para recuperarme de nuevo a mi misma. Para recordar mi valía y no aceptar mas cobardía.

No quiero un cobarde, atormentado con los fantasmas de su pasado, un pasado fracturado por el tiempo, que jamás será un futuro de ensueño.

Todo es un milagro, querer, que nos quieran y no sentir nada, también lo es.

He amado ya a un cobarde, no me arrepiento. Amé, me sentí viva, y claro que morí un par de veces más por su cobardía. Pero ¿cuántas veces él se ha sentido realmente vivo? En algún momento me importó mas de lo que él merecía.

El cobarde regresará al lugar en el que se siente cómodo y seguro. Se comprometerá con lo viejo conocido. Se forzara a creer en una felicidad vacia y común. Se establecerá.

Mi futuro, incierto. Pero no me conformaré, no me conformaré a vivir con miedo de vivir, a sentir, a ser absolutamente feliz.

Ignoro el tiempo que me tomará olvidarte. Es posible que el olvido no llegue pronto, pero llegará. Porque todo en esta vida pasa. Todo, hasta el amor más valiente.

Continúo…

 

Me dolían las dudas, encontré respuestas,  me dolió aún más.

Ya no dudo. 

No pregunto.

Tus silencios le dieron el misterio a mi vida, tus últimas palabras, agonía.

Ya no imagino.

No siento.

Quise encontrar el “¿Por qué?” de mi amor, me tropecé con el “Porque no” del tuyo.

Ya no busco.

No amo.

Y ya sin dudas, sin misterio, sin amor, solo me queda continuar este camino

con la absurda idea de que en algún lugar existe el olvido.

¿Qué queda después del adiós?

desvanecerUn baúl de recuerdos. Lugares, detalles, sensaciones, frases, lagrimas, sabores, emociones.

Dolor, resentimiento, culpa, odio. Por los errores, el egoísmo y/o los excesos.

Lamentaciones de lo que no fue, ilusión de lo que pudo ser, esperanza de lo que algún día podrá ser.

Acaso, una almohada con mil aromas nuestros y del mundo.

Una lista de canciones que nos regresa a lo que fuimos o fingimos ser.

Quizás, una caricia perdida entre las sabanas, buscando convertirse en orgasmo.

La explosión de celos y enojo con la que el orgullo se atragantó tantas veces.

Una bolsa llena de cursilerías que están por arder en el fuego del olvido.

A lo mejor, excusas, disculpas y mentiras que construyeron la mejor de las fantasías para dos.

Un “no me olvides” marchito, que nos recuerda que el olvido existe, tú ya has olvidado antes, y yo no recuerdo a nadie más.

 

No, nada de eso queda. Después del adiós no queda ni las ganas de volver.

 

Por eso te pregunto, ¿Acaso, es este el adiós?